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Editorial: Llamada inoportuna

El presidente del Consejo de Ministros no ha cometido delito pero sí un despropósito político.

Editorial

Salvador del Solar: “Aún no hay fecha definida para el diálogo por Tía María”

"Una cosa es que Del Solar no haya faltado a la ley y otra, muy distinta, que haya obrado bien". (Foto: GEC)

La congresista Janet Sánchez ha renunciado a la bancada de Peruanos por el Kambio (PpK) de una manera dramática. Durante una entrevista concedida este domingo al programa “Panorama”, en efecto, ella reveló que, a principios de junio, recibió una llamada del presidente del Consejo de Ministros, Salvador del Solar, para sugerirle que postergase el debate de la denuncia contra Daniel Salaverry que estaba por verse en la Comisión de Ética, que ella preside.

Como se sabe, el titular del Congreso enfrentaba ya en ese momento una acusación por la presunta presentación de información falsa en sus reportes de representación, y el mencionado grupo de trabajo parlamentario debía evacuar en esos días la recomendación que remitiría al pleno al respecto. En esa medida, pues, la sugerencia del primer ministro luce como un esfuerzo por echarle un capote a un ocasional aliado del Gobierno en medio de un trance que no era de su competencia y que comprendía un potencial problema moral.

Del Solar, por su parte, no ha negado el hecho, pero ha tratado de presentarlo bajo una luz distinta. “Yo la llamé y le dije: ‘Janet, ¿te parece la oportunidad para votar este tema?’”, ha referido. Para luego agregar: “Nunca le dije para no votarlo; simplemente era moverlo por la circunstancia de la [presentación de la] cuestión de confianza” [que debía ocurrir al día siguiente].

Ha señalado, además, el ministro que la congresista Sánchez omitió precisar que él era “absolutamente respetuoso de su independencia” en la decisión que tomasen: una observación de franco Perogrullo, pues es difícil imaginar una forma en la que él pudiese haber dejado de ser respetuoso con la determinación que la comisión finalmente adoptase sobre el particular.

Como era previsible, la noticia ha generado reacciones airadas en los sectores más radicalmente opuestos al Gobierno. Y así, desde más de una bancada, se han escuchado ayer voces que hablan de intromisión de un poder sobre otro, infracción constitucional y hasta tráfico de influencias.

Expertos en derecho constitucional, como José Antonio Tirado o el ex presidente del Tribunal Constitucional Óscar Urviola, se han encargado, sin embargo, de desvirtuar rápidamente los argumentos de quienes han querido ver algún delito en el comportamiento del presidente del Consejo de Ministros.

Pero una cosa es que Del Solar no haya faltado a la ley y otra, muy distinta, que haya obrado bien. En realidad, el jefe del Gabinete ha cometido un despropósito político de proporciones, que afecta la imagen de todo el oficialismo, y no hay manera de ignorarlo.

Recordemos, para empezar, que estamos hablando del vocero de un Ejecutivo que desde hace tiempo trata de presentarse ante la opinión pública como un cruzado de la lucha anticorrupción y de una reforma que busca recuperar la confianza de la ciudadanía en la política. Y para ello, adicionalmente, ha exigido el cumplimiento de plazos perentorios en el tratamiento de determinadas materias en el Parlamento.

¿Cómo podemos conciliar, entonces, esa figura con la de un primer ministro que, por mera conveniencia política, trata de persuadir a la presidenta de una comisión para que demore la resolución de un caso que involucra la eventual sanción de un presidente del Legislativo que podría haber cometido actos reñidos con la ética?

Ya sea porque le conviniera al Gobierno que Salaverry se mantuviese al frente del debate congresal durante la presentación de la cuestión de confianza o por la sola circunstancia de que no se quería que existieran en la agenda pública temas que distrajesen la atención de la ‘pechada’ a la representación nacional, no hay forma de que la motivación de la sugerencia no parezca frívola, complaciente y contradictoria.

No cabe duda de que, si estaba realmente indignada, la congresista Sánchez debió presentar la denuncia desde un primer momento. Y es claro también que haberlo hecho ahora, justo cuando se aleja del oficialismo, resulta oportunista… Pero solo tan oportunista como el pedido del presidente del Consejo de Ministros para postergar la revisión del problema de Salaverry en la Comisión de Ética.

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