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La muerte de Alan García desde la Casa del Pueblo, el bastión aprista [CRÓNICA]

Alan García

La sede central del Partido Aprista Peruano, lugar de culto hacia su fundador y sus militantes más simbólicos, fue elegida para velar los restos de Alan García. (Foto: Alonso Chero)

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Aún no se había confirmado oficialmente la muerte de Alan García pero ya todo en el interior de la Casa del Pueblo, en Breña, se había paralizado con la noticia de su intento de suicidio. Todo: la escuela de oratoria, la ‘farmacia del pueblo’, el consultorio dental, el comedor popular y hasta el ring donde unos jóvenes recibían clases de artes marciales.

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La Casa del Pueblo es una antiguo recinto de arquitectura republicana fundado hace unos 70 años. Alan García la frecuentaba desde muy joven cuando fue 'adoptado' por Haya de la Torre.

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La Casa del Pueblo siempre fue un “gran centro cívico”, como el diario aprista “La Tribuna” lo describe en un reportaje de 1946. Una especie de galería comercial que nunca dormía, pero que ayer quedó congelada con la noticia del disparo. Eran las 9:00 a.m. y ese iba a ser un día largo.

Esta es la sede central del Partido Aprista Peruano. Fue inaugurada hace más de 70 años. Alan García, desde muy joven, la frecuentaba luego de que Haya de la Torre lo adoptó como su discípulo político.

Tiene varias salas y una gran aula magna donde se lee la frase: “Solo Dios salvará mi alma y solo el aprismo salvará al Perú”.

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Muchos simpatizantes del APRA visitaron la Casa del Pueblo desde muy temprano. Algunos se situaron en el único busto incompleto que había en el bastión aprista, creyendo que será el de su ex líder (Foto: Juan Pablo León)

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En el autogolpe de 1992, Alberto Fujimori mandó rodear el recinto, pero este nunca dejó de funcionar.

Hasta hace pocas semanas, García lo visitaba con cierta frecuencia. Según cuentan sus seguidores, entraba por la puerta principal (Av. Alfonso Ugarte), atravesaba el salón Libertad y el hall hasta llegar al patio trasero. Ahí saludaba a los jóvenes durante uno o dos minutos, se asomaba por alguna de las aulas de oratoria y, cuando terminaba este protocolo, subía solo o con personas muy cercanas a él hacia una oficina del segundo piso. “Se iba con su comitiva, un grupo muy cercano a él en el que no podíamos meternos”, dicen estudiantes simpatizantes del partido.

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La Casa del Pueblo tiene hasta un ring de box, donde jóvenes reciben clases de artes marciales.

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La última vez que el ex presidente ofreció un discurso público en la Casa del Pueblo fue en diciembre del 2018, poco después de que Uruguay rechazara su pedido de asilo político.

Ayer a las 10:00 a.m., cuando la noticia del suicidio cobraba más fuerza, todos dejaron las aulas para buscar un televisor, una radio. Solo querían calmar esa racha de especulaciones que invadían las redes sociales. Cada detalle en los noticieros provocaba en sus seguidores un nuevo lamento, un nuevo suspiro.

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A la Casa del Pueblo van muchos enfermos que reciben atención en la 'farmacia del pueblo' y en los diversos negocios de salud que operan dentro.

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Un televisor en el ‘menú del pueblo’ (un comedor popular en el que también se sirven vasos de leche) terminó reuniendo a todos. Los primeros canales que sintonizaron recordaban una de las últimas frases públicas de García: “Para robar no he nacido”.

Cuando se confirmó su deceso, la Casa del Pueblo pasó del silencio total al despliegue de una gran operación logística: Alan García iba a ser velado en ese lugar y todo tenía que estar listo para esa misma tarde. Se requería la ayuda de todos.

Se dividieron en varios grupos: los que tenían que limpiar, pintar y preparar el aula magna, los que acomodaban los arreglos florales de políticos y allegados, los que debían recibir a los simpatizantes que llegaban desde el norte del país –vinieron de Barranca, Huacho, Chimbote, Trujillo– y los que tenían que brindar seguridad.

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Toda una operación logística se armó en la Casa del Pueblo luego de que se confirmara la muerte del líder aprista.

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La policía ordenó el cierre de tres cuadras de la avenida Alfonso Ugarte y se restringió el paso de vehículos en el sentido sur a norte. Muchas personas comenzaban a llegar a los exteriores de la casa. Mientras el aforo de este local llegaba al límite, afuera, el negocio de pines, gorras y banderolas con la estrella del Apra se adueñaba de la calle.

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Toda clase de distintivo aprista fue repartido al interior de la Casa del Pueblo, el bastión del partido de Haya de la Torre.

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—La llegada—
A las 9:00 p.m., los restos del ex presidente cruzaron la puerta principal de la Casa del Pueblo, el hall y el patio trasero hasta llegar al aula magna. Fue cargado, entre otras personas, por el congresista Mauricio Mulder.

Los presentes en el gran auditorio lo recibieron entonando “La Marsellesa” y la “Marcha de los Caídos”, una canción fúnebre aprista. “Por la santa igualdad todos los apristas a luchar, hasta vencer”, dice la letra. Decenas de simpatizantes, como Mercedes Cabanillas, Luis Gonzales Posada y Jorge del Castillo, no se despegaban del ataúd.

A las 9:20 p.m., la calma regresó a la Casa del Pueblo, pero solo por un instante: un minuto de silencio que despidió a Alan García, quien, para todos allí, aún continuaba presente.

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Este rincón oscuro de la Casa del Pueblo, la sede central del Partido Aprista Peruano, fue lugar de culto hacia su fundador, Haya de la Torre. (Foto: Juan Pablo León)

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—El último discurso—
El último discurso público de Alan García en la Casa del Pueblo fue en diciembre del año pasado, después de que Uruguay rechazara su solicitud de asilo político.

Como se recuerda, García ingresó a la embajada uruguaya en Lima luego de que el 17 de noviembre del año pasado un juez le prohibiera salir del país mientras era investigado por el Caso Odebrecht.

El 3 de diciembre, Uruguay rechazó el pedido.

Unos días después, el ex mandatario dijo que retomaría la vida académica y su labor partidaria en el Apra.

Cuando por aquellos días visitó la Casa del Pueblo, dijo ante algunas decenas de apristas: “Yo no tengo más riqueza que este pueblo y esta hermandad, y no aspiro a otra cosa que a la gloria del aprismo […]. Mis compañeros saben que nunca he eludido ni evadido a la justicia […]. Yo enfrenté, al término de mi primer gobierno, todas las acusaciones, todas la falsedades y todas las infamias”.

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