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José Quisocala, el 'niño banquero': "En Perú, los adultos no toman en cuenta a los niños"

A los siete años, fundó el Banco del Estudiante Bartselana, por el que ha ganado premios internacionales. Disney va a contar su historia en un documental a estrenarse este año. En el Día del Niño Peruano, el adolescente habla fuerte y claro: ellos no son el futuro, sino el presente.

Los niños, dicen, son el futuro del país. Los ciudadanos del mañana. Mientras encuentran su camino, que vivan -para muchos, la mejor etapa de la vida- jugando y sin preocupaciones. José Alberto Quisocala Condori está en desacuerdo con esas premisas. Para él, los menores son el presente y, definitivamente, pueden hacer -desde temprana edad- más por la sociedad. “Los niños queremos ayudar, pero los adultos no confían en nosotros”, reflexiona el banquero de 13 años. “Quién iba a imaginar que un niño de siete años iba a tener un banco. Es una idea loca, pero se hizo realidad”, argumenta con firmeza.

Por fortuna, José estuvo rodeado de adultos que creyeron en él y le dieron grandes lecciones. Su abuela materna, por ejemplo, le enseñó el amor por el medio ambiente. Cuando iba a visitarla, sembraban y regaban juntos las plantas. “[Las plantas] son seres vivos que no tienen voz para decir todo lo que sienten. Quería ayudarlas”, rememora. Esa mentalidad ecoamigable ayudó a que, en casa, por ejemplo, sus papás sean más rigurosos con el tema del reciclaje. Como quería ver, también, las calles limpias de su natal Arequipa, cada vez que una persona que arrojaba desperdicios en las veredas o pistas, le hacía hincapié en que lo bote donde corresponde. “Algunos respondían ‘claro, muchas gracias’. Pero también me dijeron ‘oye, qué te pasa. Niño insolente’”, cuenta entre risas.

El banco de José supera, hoy, los tres mil clientes. Planea, además, expandirse a Cusco, Moquegua, Puno y Tacna, donde niños y jóvenes también quieren ahorrar cuidando el medio ambiente. Su proyecto ha ganado el reconocimiento internacional. En noviembre pasado recibió el Children's Climate Prize 2018, que otorga Telge Energy por vincular la economía y el impacto climático. Disney, por su parte, ha puesto la mira en este emprendedor peruano. El 20 de noviembre, Día Mundial del Niño, se va a estrenar el documental con la historia del arequipeño para inspirar a más niños en el mundo.

Estabas en primero de primaria cuando empezaste con el banco. ¿Cómo nació la idea?
Mi papá me recogía tarde del colegio porque no podía salir antes del trabajo. Mientras lo esperaba en la oficina del director, avanzaba mis tareas o hablaba con él. Como me vía interesado en mejorar algunas cosas de la escuela, un día me dijo “por qué no te postulas como alcalde del colegio”. Acepté, hice campaña y gané. Como alcalde tenía que presentar proyectos, para eso lo escogen a uno. Entonces me enfoqué en la propuesta de un banco porque me di cuenta de que mis compañeros a veces sacrificaban el dinero del almuerzo para comprarse figuritas de los álbumes. Quería enseñarles lo importante que es el ahorro, el dinero. Así empecé.

¿Y cómo lo abocaste al lado medioambiental?
Mis compañeros traían sus ahorros, pero era muy poco. Quería ayudarlos a que sus cuentas crezcan. Mientras pensaba en eso, vi que un profesor botaba una botella de plástico en un contenedor. Fui al tacho y encontré muchos papelotes, hojas arrancadas de los cuadernos, muchas botellas. Me di cuenta, además, que mis compañeros botaban las envolturas de sus figuritas o sus álbumes incompletos. Y pienso “por qué esto no se convierte en dinero". Siempre me pongo a leer por Internet y encontré un artículo donde decía que los desechos se podían convertir en dinero, que podía venderlo. Empecé vendiéndoles a los chatarreros; ahora, a una empresa.

El sistema va así: La entidad bancaria recolecta residuos sólidos (papel, cartón) de sus clientes y son vendidos a una papelera, donde estos se transforman en papel higiénico. El dinero -de la venta- va a la cuenta del niño y puede ser utilizado solo cuando el cliente cumple su meta de ahorro. El retiro solo puede realizarse por parte del cliente y no de sus padres.

¿Eco-banco o Banco del Estudiante Barteselana?
Al inicio era Banco del Estudiante del Perú [risas]. Pero cuando viajé a un concurso en Turquía, los organizadores me dijeron que cambiara el nombre porque en realidad no era el banco del estudiante peruano. En el vuelo (de ida) estaba pensando en qué nombre ponerle. A las finales opté por Banco del Estudiante Bartselana. Bartselana por las siglas de los primeros niños que creyeron en mí, que fueron diez. En el concurso de Estocolmo (del 2018) le pusieron Eco Bank porque es un banco ecológico. Los dos nombres están bien.

Ya que mencionas los concursos internacionales y tus primeros clientes, ¿cuánto ha cambiado tu vida desde que empezaste con este emprendimiento?
Pasó un año [de haber empezado con el banco] y ya no era alcalde escolar. Las reelecciones están prohibidas, pero el director me permitió seguir con la idea del banco. De hecho, muchos se rieron de la propuesta. Él fue el único en el colegio que creyó en mí. Me anima que, cada vez más, muchas personas se interesan en la idea.

Aún sigues en el colegio, ¿cómo mantienes el equilibro entre los estudios y el banco?
Tengo un equipo que trabaja conmigo y me ayuda a manejar el proyecto. Tengo asesores en la parte legal, económica y de contabilidad. Si tengo alguna duda, les pregunto, pero soy yo el que toma las decisiones. Me gusta leer, buscar en Internet y de esa manera puedo aprender cosas nuevas. No puedo igualar el tiempo de estudios que dedican las personas en sus carreras, sigo siendo niño…

Un niño que es ejemplo para otros. Hasta Disney piensa igual…
Muchas gracias.

En una respuesta comentaste que se rieron de tu proyecto del banco cuando recién lo presentaste. ¿Sientes que se subestima a los niños y sus ideas?
En Perú, los adultos no toman en cuenta a los niños. Piensan que estamos para jugar y estudiar. Los niños no somos el futuro, sino el presente. Podemos hacer cosas desde ya porque los grandes no lo están haciendo. Los niños queremos ayudar, pero los adultos no confían en nosotros. Quién se iba a imaginar que un niño de siete años iba a tener in banco. Es una idea loca, pero se hizo realidad. Así tengas una idea loca, se puede hacer realidad. Solo tienes que luchar.

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